Stephen Glass, la historia de una mentira

Publicado: 21 diciembre, 2010 de Abraham Bernabéu en Abraham Bernabéu
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PR8221210 / ABRAHAM Hay veces en que la realidad se ve superada por la ficción. Esto fue, exactamente, lo que le sucedió a Stephen Glass, el que fuera reportero de la prestigiosa revista The New Republic hasta que el descubrimiento de sus mentiras lo llevara de patitas a la calle. Esta es, en unas pocas palabras, la historia de un fracaso anunciado; y en el caso de Glass fue la revista económica Forbes la encargada de destapar la ficción de sus historias y la falsedad de sus fuentes.

Stephen Glass, en la parte de su vida previa al escándalo que marcó su carrera, era un brillante estudiante de periodismo, que se licenció en la Universidad de Pensilvania, ocupando el cargo de director ejecutivo del periódico de la universidad, The Daily Pennsylvanian. Al terminar la carrera, allá por el año 95, entró a trabajar como asistente de redacción en The New Republic. No tardó en destacar con sus artículos, al igual que tampoco tardaron en lloverle las críticas y cartas al director por supuestas invenciones y manipulaciones en varios de sus artículos.

El escándalo se desató con un artículo, titulado “Hack Heaven”, en el que Glass relataba la historia de un supuesto hacker de 15 años que que presuntamente contratado por una gran compañía para trabajar como asesor de seguridad después de haber accedido su sistema informático y expuesto sus debilidades. Tras la publicación del artículo, un reportero de la revista Forbes, Adam Penenberg, investigó la supuesta empresa informática, Jukt Micronics, y descubrió que, tras la tela de araña que Glass había tejido para encubrir su invención, no había nada más que humo. La empresa no existía y, por lo tanto, la historia del joven hacker había de ser falsa.

Con estos datos, el Penenberg y Forbes decidieron destapar al mentiroso. Informaron al director de The New Republic, Charles Lane, quien abrió una investigación interna que acabó desvelando que Glass había falseado fuentes, manipulado declaraciones e, incluso, inventado historias por completo, en 27 de sus 41 trabajos para la revista. Tras este hallazgo, Stephen Glass vio cómo era dinamitada su precoz carrera de reportero y fue despedido de la revista. Asimismo, también fueron investigados sus trabajos en las revistas Rolling Stone, George y Harper’s, donde colaboraba con cierta regularidad y para las cuales también dejó de trabajar.

Moraleja de la historia: En esta profesión, periodismo y literatura no están reñidos y pueden casar a la perfección para confeccionar una buena historia relatada de la mejor manera posible. Prueba de ello son autores como Truman Capote, Tom Wolfe o Hunter S. Thompson, pioneros del Nuevo Periodismo y expertos en la fusión de arte y verdad plasmados sobre un papel. Sin embargo, realidad y ficción no pueden fusionarse. Son dos elementos que, como el agua y el aceite, se repelen. Son polos opuestos, incompatibles con el rigor y el respeto a la verdad. Ésta fue la lección que debió saltarse Glass en sus precoces comienzos como periodista y que, años más tarde, acabó costándole su trabajo, su credibilidad y la confianza que sus lectores pudieran haber depositado en él.

Aún así, Glass fue capaz de decir, en una entrevista concedida al noticiero 60 miutos de la cadena CBS cosas como “en 1998 perdí mi puesto de redactor en The New Republic y mis colaboraciones con otros medios como periodista independiente por haberme inventado docenas de artículos. Lamento profundamente mi comportamiento de entonces y todo el dolor que ha causado” o, en alusión a su gran ambición, “lo hice por amor a mí mismo”. Toda la historia del auge y el hundimiento de Glass se relata en la película “El precio de la verdad” (“Shattered Glass”).

Y aquí va la batería de titulares para tratar de resumir brevemente la historia de Stephen Glass:

  • Las mentiras siempre acaban saliendo a la luz
  • Las fuentes deben ser la principal herramienta de trabajo del periodista
  • El periodista no debe descuidar a sus fuentes
  • La confianza de los lectores es sagrada para el periodista
  • El difuso límite entre literatura y periodismo
  • La ética periodística, herramienta indispensable para un profesional de la información
  • En la sociedad actual todo vale para alcanzar el éxito
  • Un departamento de verificación de fuentes no habría resultado un gasto innecesario para una revista como “The New Republic”
  • La revista Forbes destapa las mentiras de Stephen Glass, redactor de “The New Republic”
  • “El precio de la verdad” debería estar entre la lista de películas recomendadas para alumnos de periodismo
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