Cristal trastornado

Publicado: 21 diciembre, 2010 de Míguel en Miguel Ángel Valero
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“I wanted a story that I thought would be the perfect story. And that the readers would most enjoy to read.” – Stephen Glass-


Muchos periodistas y embriones de ello soñarían con una carrera profesional como la que Stephen Glass tuvo a partir de su graduación en la Universidad de Pensilvania en 1995. Fue licenciarse y dar con sus huesos en una de las publicaciones más prestigiosas de Estados Unidos, The New Republic. Simpático, servicial; a ojos de sus compañeros y jefes era un periodista modelo, al cual se le pronosticaba una trayectoria meteórica plagada de triunfos. Pero una historia de hackers fue la causante de su caída en el más profundo de los pozos ciegos del periodismo, el de la mentira.

Stephen Glass se inventaba las fuentes, los hechos, las historias. Se inventaba lo que hiciera falta con tal de elaborar artículos sorprendentes, artículos impactantes que dejasen a los lectores con el culo torcido. Y todo eso en la única revista que presumía de volar en el Air Force One. Una publicación de categoría que cuenta con un departamento de verificación de datos, cuyos artículos tenían que hacer un recorrido de corrección ascendente y descendente. Este recorrido, en resumidas cuentas, quiere decir que no menos de tres o cuatro personas repasan dos veces cada uno de los artículos que la revista publica buscando no sólo errores de sintaxis, sino también errores relacionados con las fuentes que componen los textos.

Aun con semejante proceso de verificación, Glass consiguió colarle a The New Republic nada menos que 27 historias falsas de las 41 que escribió siendo redactor de la revista. 27 reportajes le dio tiempo a inventarse al joven Cristal, hasta que Adam Penemberg, de Forbes.com, le dio caza a la liebre gritando alto: ¡Mentiras, malditas mentiras y ficción!

Una vez despedido terminó la carrera de Derecho y escribió un libro titulado El Fabulador, en el cual relata su historia en The New Republic. A mi humilde entender, debería haber escrito el libro pero sin basarlo en una historia real, de esa manera no hubiera quedado como un auténtico gilipollas ante toda la profesión.

Para finalizar, y a título personal, debo añadir que no puedo evitar encontrar paralelismos entre la trayectoria posterior a TNR de Stephen Glass y la de Alfredo Urdaci tras los informativos de TVE. Ambos faltaron a la verdad en sus trabajos como periodistas, cierto es que por motivaciones diferentes. Glass se dedica a la asesoría jurídica, Urdaci es jefe de prensa de Paco el Pocero; además, Glass participó y posiblemente todavía participa en un espectáculo cómico con la compañía californiana Un-Cabaret, Urdaci apareció haciendo un “monólogo” en El Club de Flo de La Sexta, entre otras intervenciones televisivas estelares. Quizá sea cosa mía, pero Alfredo Urdaci bien podría ser nuestro Stephen Glass castizo, ¿no?

 

Titulares:

La oveja negra del New Republic

La vergüenza de la profesión

El fabulador de la prensa seria

Un redactor mentiroso pone en entredicho la credibilidad del New Republic

Con Forbes las mentiras tienen las patas cortas

Periodismo ficción

Hasta en los medios prestigiosos se cuela el embuste

Mentiras en el revistero del Air Force One

La antítesis del periodismo serio

La imaginación del periodista Stephen Glass juega al New Republic una mala pasada

 

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