El País, reflejo de la historia de la democracia en España

Publicado: 9 noviembre, 2010 de Abraham Bernabéu en Abraham Bernabéu
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PR4171110 / ABRAHAM Nació un 4 de mayo allá por el año 76. Apenas seis meses atrás, era impensable que pudiera ver la luz del día. Sin embargo, y de la mano de La Transición, se abrió a España para iluminar con su información una nueva etapa en la historia del país. Con ese nombre, El País nació, creció, maduró, logró su ansiado acento y, desde hace más de treinta y cuatro años, nos trae cada día en sus páginas toda la información nacional e internacional.

34 años y unas tantas portadas expuestas en la pared de un aula de Periodismo son capaces de reflejar la historia de un medio y, en este caso, la historia reciente de un país. De hecho, Juan Luis Cebrián, primer director de El País, afirmó en el prólogo del libro de estilo del diario que “la primera página es el espejo del alma de un periódico”. Con este precepto intentaré extraer, de las más destacadas portadas en estos años de historia del diario El País, un breve resumen sobre la evolución del medio centrando la atención en aspectos como los contenidos, los titulares, las fotografías o el diseño del periódico en general (sin pasar por alto los hechos informativos que en ellas se tratan).

Todas las portadas reflejan una misma manera de ver la realidad, una misma forma de entender el periodismo y, por lo tanto, una misma ideología que se ha mantenido inmutable durante los casi treinta y cinco años del medio. Un claro ejemplo de ello es la portada de la primera de las dos ediciones especiales que El País sacó a la calle el 23 de febrero de 1981. La primera de ellas era, prácticamente, un manifiesto de intenciones o una especie de deseo gritado en voz alta. La portada, puramente tipográfica, con una foto de la fachada del Congreso y una editorial en portada, lucía un titular claro y conciso: “Golpe de Estado” seguido de “El País, con la Constitución”. Con esta portada, incluyendo la información básica y una gran dosis de opinión, el periódico nacido en tiempos de democracia se lanzó, encabezando el ‘no’ al golpe de Estado de Tejero, a la defensa de la Constitución, de la mano de la cual había visto la luz por primera vez. Esta portada, valiente y arriesgada, vino precedida por una conversación entre Cebrián y Pedro J. Ramírez, director por aquel entonces del Diario 16. En ella, Cebrián le propuso apoyar la Constitución de manera conjunta, pero Pedro J. decidió aguardar al desarrollo de los acontecimientos para saber a qué sombra debía cobijarse aquel día.

Teniendo en cuenta la magnitud del evento, El País sacó a la calle una edición especial a la 1 de la madrugada, en la que ya avanzaba el fracaso del Golpe de Estado; sobre todo después del tranquilizador mensaje del Rey. En esta nueva portada, más calmada y trabajada, ya se habla de “intento de golpe de Estado en vías de fracaso”, se abarca más información a nivel nacional y se puede ver, como principal centro de atención, la imagen que pasó a la posteridad: un guardia civil pegando tiros en medio del Congreso de los Diputados.

Ocho años más tarde, en la noche del 9 al 10 de noviembre de 1989, otro acontecimiento político sacudió el panorama internacional: la caída del muro de Berlín. La portada de El País del día siguiente, sin embargo, no fue una portada especialmente llamativa o destacada como para estar a la altura de tal acontecimiento. La primera página mostraba una fotografía grande del muro aún en pie (no alcanzo a ver la noticia a través de esa imagen) y un titular más bien pequeño que rezaba así: “Desaparece el muro de Berlín, último símbolo de la Guerra Fría”. Sin embrago, y resulta triste tener que decir algo así, el mal diseño de la portada provocó que lo más llamativo de la página (CIV) fuera una publicidad de máquinas de escribir situada en la parte inferior de la página. Eso sí, este error de diseño fue subsanado 20 años después con el especial que publicó El País Semanal sobre el 20 aniversario de la caída del muro.

Y, dando saltos por el tiempo, llegamos a la Guerra del Golfo, mundanamente conocida como “la guerra de nunca acabar”. Y es que, aunque la guerra comenzara en 1991 de la mano de George Bush padre, hoy en día aún hay soldados americanos en territorio iraquí. Partiendo de esta unión entre dos periodos distintos de una misma guerra, comenzada en las dos ocasiones por la familia Bush (una especie de trauma familiar, supongo), aquí vienen cogiditas de la mano dos portadas destacadas sobre la Guerra del Golfo, primero, y de Iraq después. De la portada del año 91 hay que valorar, principalmente, tres elementos: titular informativo “Comenzó la guerra”, antetítulo alarmante “angustia, miedo, tristeza” y, por encima de todo, la imagen de portada. Resulta reseñable el hecho de que el mapa de Iraq con los movimientos de las tropas en conflicto fue una de las primeras infografías de la historia en España.

Años más tarde, la ‘tormenta del desierto’ se convirtió en la guerra de Iraq, pero el objetivo (petróleo) y el rechazo que provoca sigue siendo el mismo. Prueba de ello es la portada de El País del 16 de febrero de 2003, con un “No masivo a la guerra” por titular y una gran fotografía de una manifestación multitudinaria en contra de la entrada de España en la guerra. Sin embargo, y a pesar de la expresión inequívoca del pueblo, el Sr. Ansar se reunió, junto con sus coleguitas Blair y Bush Jr. en la fatídica Cumbre de las Azores, donde legaron al mundo la imagen de la codicia residiendo en el interior de tres presidentes. Pero, volviendo a la portada, queda destacar, en último lugar, que es la primera de las escogidas en este análisis que, como se puede ver, está impresa a todo color.

Como bien es sabido gracias a la física, cada acción tiene una reacción. Hablando en plata, si un país invade Iraq, Al-Qaeda atenta contra ese país. De esta simple relación nacen dos de los episodios más terribles de la historia de los EE. UU. y España: el 11-S y el 11-M, respectivamente. De la portada que El País publicó, como edición especial, el mismo 11 de septiembre de 2001 a las 8 de la tarde, sólo diré que me parece la portada más impactante y tremenda (en el mal sentido) con que jamás me haya topado. El shock de escuchar a Matías Prats gritar “la otra torre, Ricardo, la otra torre” causó estragos y creó un trauma informativo a todo aquel que lo escuchara. Sin embargo, no deja de ser una primera página espectacular y memorable. Para mi gusto, la más importante de la historia de El País. Sin embargo, resulta digno de mención el hecho de que, con el precipitado trabajo del diseño de la página (titular gigante, foto impactante, tres columnas de texto bajo ella y mucho blanco para destacar el contenido de la noticia), destaque, por encima de todo, el titular. Éste, extremadamente alarmista (apocalíptico incluso), preside la página con un: “América atacada, máxima alerta mundial” que sería capaz de asustar al mismísimo Bin Laden. Por lo demás, sigue siendo, a mi parecer, la portada más impactante que soy capaz de recordar en un diario.

En continuación a estos hechos, la ‘supuesta venganza de Al Qaeda’ continuó en España. No seré yo quien ponga en tela de juicio lo sucedido en Madrid el 11-M o en EE.UU. el 11-S, pero sí que existen varias teorías (véase el documental Zeitgeist) que ofrecen otras versiones distintas a la oficial. En cuanto a la portada, pura información. Cifras escalofriantes y una fotografía de la dantesca situación que se vivió en Madrid aquel fatídico 11 de marzo de 2004 reflejan de la mejor manera posible la realidad de lo sucedido y la información con que se contaba hasta el momento. Otros dos elementos completan la portada: una editorial bajo el título de “11-M” y una ampliación de la información a 2 columnas en la parte inferior. En definitiva, una portada más completa, menos alarmista y mucho más sencilla e informativa que la edición especial del 11 de septiembre de 2001 (que era pura prensa amarilla).

Y tres días después, las consecuencias de los atentados y la actitud del Gobierno de José María Aznar (entrando en la Guerra de Iraq contra la voluntad de los ciudadanos y acusando a ETA de la autoría de los atentados del 11-M) les pasaron factura en las elecciones generales del 14 de marzo de 2004. Gracias al atentado y a las mentiras del PP, el PSOE arrasó en las elecciones generales y El País, de acuerdo con su línea editorial, ensalzó tal victoria achacándola a motivos puramente políticos. De cualquier manera, el periódico habla en su titular de un “vuelco electoral sin precedentes”, como realmente ocurrió, y lo acompañan de un gráfico con el resultado de las elecciones y la imagen de la victoria socialista: Zapatero, sonriente, con el pulgar en alto. Dicho sea también, resulta curioso ver en portada una publicidad de un canal de TV que, casualmente, luce los mismos colores que el PSOE. Coincidencia o no, una perfecta escudera para la imagen principal.

No me quiero extender mucho más, así que pasaremos rápidamente por la boda real destacando la uniformidad temática de una portada más que preparada de antemano: Titular para el pueblo, foto para la historia y, sobre ambos, un cintillo con toda la historia de este tipo de enlaces en la historia de la corona española y reportajes en profundidad sobre el romance de Felipe y Letizia. En cualquier caso, una portada menos polémica que la que publicó El Jueves con la famosa viñeta de los reales tortolitos.

Y, para acabar, un obligado y agradecido toque de historia deportiva en este repaso por las portadas más famosas de El País. Más concretamente, un corto paseo, a unos 300 kilómetros por hora, de la mano de Fernando Alonso. El piloto asturiano, bicampeón del mundo de F1, copó todas las portadas de la prensa española al conquistar su primer título en la máxima categoría del automovilismo a los mandos del ya mítico Renault R24. Fue un hito histórico para el deporte español que El País publicó en primera página (con la foto del día y destacando en el titular a Alonso como “el rey más joven de la F1”) junto con una noticia sobre el desarme del IRA.

Como conclusión, sólo queda desear que un periódico de calidad como el diario El País siga, durante muchos años, llenando cada mañana los estantes de los quioscos de toda España. Y que así, dentro de otros treinta y pico años, sean otros los que puedan volver a analizar la historia de El País y, si ningún guardia civil bigotudo logra joder la marrana, la de otros treinta y pico años más de democracia en España.

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